EL TIEMPO ILUMINADO: Nota preliminar





Mi nombre es E. B. Soy arquitecto y gran aficionado a la literatura y a la arquitectura norteamericanas del siglo XIX. Aún no he cumplido los treinta; por éste y por otros motivos no me considero la persona más autorizada para llevar a cabo la chocante labor que el azar ha puesto en mis manos. Muchas veces, sin embargo, he sido requerido, por parte de amigos, alumnos, e incluso algún que otro osado editor especializado, para que ponga en circulación ciertos curiosos datos de que dispongo, ya que se hallan relacionados con un famoso dominio de Internet, hoy desaparecido: nyarlathotep.com (desaparecido, por cierto, no sólo, como cree la mayoría, por problemas de copyright con los herederos o beneficiarios de H. P. Lovecraft, caso de que aún quede alguno). Si hasta el momento no me había decidido, fue por un motivo claro: el de obedecer la petición formulada por la familia de aquel en quien opino se centra gran parte del sentido de esta historia, familia con la que yo me había puesto en contacto a tal fin.
Antiguo Hotel Radisson, Providence (Rhode Island)
Dicho protagonista sería un ciudadano español. En concreto, un joven profesor de Historia, al que llamaremos Esteban Trives. Lo conocí personalmente hace varios años, en el avión de vuelta de un viaje a Estados Unidos (yo había acudido a ese país en visita profesional, comisionado por mi empresa), en la época de mayor esplendor del citado dominio. Él y yo llegamos a intimar bastante, motivo por el cual me dolió en lo más hondo su repentino e incomprensible fallecimiento, que semejó realmente sacado de un relato del morboso escritor arriba mencionado. Una pequeña prueba material de los acontecimientos que se reproducen a continuación, aun a riesgo de parecer fantasiosa, o quizá algo peor, he de reconocer que tuve ocasión de comprobarla con mis propios ojos, en una grabación de vídeo de mala calidad. En esa grabación aparecía Esteban y aparecía yo mismo en el avión y, antes, en el aeropuerto de Warwick (Rhode Island). Cómo pudo tomarse la filmación, en apariencia tan intrascendente, y con qué objeto, a día de hoy sigue constituyendo un absoluto misterio para mí.


(...)

© José L. Fernández Arellano (Nº R. P. I.: M-006562/2008)

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